lunes, 12 de agosto de 2019

El escogido


Este fin de semana Dios reafirmó sus planes de bien para mi vida.
Este viernes, antes de irnos al campamento anual de jóvenes que se organiza en mi iglesia a servir, en mi preparación escuché un sermón en YouTube sin saber de qué iba a tratar y éste giraba en torno a 1 Samuel 16 (Samuel unge a David). Fue de bendición e impacto para mí. Esa noche la alabanza y adoración estuvieron poderosas en el campamento. Hasta ahí todo iba muy bien, pero no era todo.

El día siguiente, (sábado) llegamos a la última sesión y lo que sería la noche de alabanza. 
Abrimos con júbilo y todo fluyó muy bien Gracias a Dios; así llegó la hora del sermón y cuál fue mi sorpresa: el mismo tema con la misma historia bíblica de 1 Samuel 16.

Cabe mencionar que durante el día hubo más talleres con temas distintos cada uno, pero yo no estuve ahí. Y precisamente a la sesión donde me tocaba estar presente, el mensaje fue el mismo al que escuché en casa durante mi tiempo de intimidad con Dios el día anterior.
Ahí supe que no era un mensaje más, sino que Dios me estaba diciendo algo y no era simple coincidencia. Así que recibí cada palabra y la atesoré en mi corazón.
A veces creemos que porque una temporada en nuestra vida llegó a su fin, ya no hay más para nosotros. No hay futuro. Y pasamos mucho tiempo lamentándonos por lo que alguna vez fue. Por esas oportunidades que tuvimos y perdimos; nos dejamos carcomer por el “hubiera” cuando lo hecho está hecho y no se puede cambiar. Y en ese proceso de duelo, permitimos que el sentimiento de pérdida nos impida encontrar el siguiente capítulo de nuestra vida.
Pero olvidamos que para los que confiamos en Él, todo lo que sucede en nuestra vida depende de su autoridad y tiene un propósito. Que Él siempre va un paso adelante. Que mientras nos lamentamos por el pasado, Dios intenta mostrarnos el futuro.
En la historia bíblica que menciono, cuando Dios envió a Samuel a encontrar al nuevo rey, Samuel tuvo que utilizar su sabiduría. Dios no fue específico con él, sólo le dijo la familia de dónde saldría ese nuevo rey, pero no le dijo cuál de todos los hijos sería el elegido.
Así como en esta historia, habrá momentos en la vida donde tendremos que despegar sin saber exactamente a dónde llegaremos, pero cuando estemos cerca, si tenemos su Espíritu sabremos dónde aterrizar para llegar a nuestro destino.

Y en el camino habrá distintas rutas, diferentes destinos, y muchos de ellos serán atractivos, quizá tal y como deseamos que sea. Cumplirán con todas las características del futuro que esperamos y podríamos determinar que ahí es donde pertenecemos pero eso no significa que sea lo que Dios preparó para nosotros
.
Así como Samuel se dejó llevar por las apariencias cuando vio a Eliab, pues por su estatura y perfil parecía ser el elegido. Sin embargo Dios lo detuvo y le recordó que Él miraba el corazón y no lo físico.

Otras veces nos dirigiremos hacia dónde Dios nos envió pero al llegar no encontraremos lo esperado, así como Samuel llegó y se encontró con que ninguno de los hijos de Isaí era el futuro rey.
Y es en esos momentos cuando habremos de agotar todos nuestros recursos y no olvidar que el que nos envió es fiel y nunca falla.

Samuel, al ver que ni Eliab y ninguno de los que estaban ahí era el próximo rey preguntó a Isaí: ¿son éstos todos tus hijos? 
Esta pregunta fue la clave para llegar a su destino, pues aún quedaba uno: David. 
Y David siendo el menor, el pastor de ovejas, aquel que ni su padre había considerado presentar frente a Samuel porque lo subestimó, ése fue a quien Jehová había elegido para ser ungido como próximo rey de Israel.

¿Qué hubiera pasado si Samuel no hubiese preguntado si aún le quedaba un hijo más a Isaí? Quizá hubiera confiado en su propio entendimiento y ungido al equivocado, o quizá se hubiera retirado y vuelto atrás confundido y decepcionado por no encontrar lo que el Señor le había asegurado.

Lo mismo sucede a veces en nuestras vidas. Avanzamos con una expectativa, queremos dar vuelta a la página de nuestra historia pero no logramos encontrar nuestro lugar fácilmente y la duda comienza a invadirnos, comenzamos a cuestionar el plan de Dios. Pero es ahí donde tenemos que insistir y utilizar nuestra sabiduría, recordar que si Dios nos permitió llegar hasta donde estamos es porque ya tiene preparado algo para nosotros y con esa certeza lanzarnos en fe y actuar.
Quizá estás a una pregunta de encontrar tu destino, quizá estás a una llamada, a un mensaje, a un correo, a una cita, a una decisión.

Piensa en esto: Saúl no había terminado su reinado cuando Dios ya estaba preparando a David para ser el siguiente rey.
Dios le mostró a Samuel que cuando todo parecía haber terminado, Él tenía algo nuevo esperando.

Si tú estás pasando por una temporada de duda sobre quién eres y hacia dónde vas, permíteme decirte que a pesar de lo confuso que parezca el camino, Dios ya está del otro lado esperándote y cuando menos pienses estarás caminando sobre un camino hecho donde no había nada. Esto es porque Él va delante de ti y sus planes son de bienestar y prosperidad. 

Sé que es difícil creerlo cuando estás en medio de esa tormenta. Yo he estado en esas crisis donde no sé qué es lo que sigue en mi vida, no tengo un camino por recorrer y cuando miro mi situación no encuentro más que estancamiento. Veo a la gente avanzar, mejorar, moverse y yo estoy en el mismo lugar desde hace meses en mi vida personal, en el área profesional, en mis relaciones, en mi ministerio y en muchas otras áreas. 
El error que más cometemos es compararnos con los demás. 
Y es que la gente pueda decir y pensar de ti muchas cosas, pero lo que tú piensas de tí mismo es lo que determinará tu nivel de autoestima y confianza.

En Dios tú fuiste pensado y planeado; eres un diseño auténtico. Desde el vientre de tu madre Él ya te conocía y planeó un propósito para ti; por lo tanto eres valioso y su amor por ti es inagotable. Él conoce tu corazón, sabe de tus miedos, tus culpas y tus debilidades; pero también conoce tus fortalezas, tus dones y la nobleza de tu alma. Ciertamente Él ha trazado un destino para ti y nada ni nadie podrá impedir que lo cumplas. Pero depende de ti el tiempo que harás en llegar al futuro de bien que Él tiene para ti. Cada decisión que tomas te puede acercar o alejar de él.

Es por eso que es tan importante que sepas que eres amado, escogido y elegido para brillar y conquistar. Que eres su hijo porque fuiste comprado con precio de sangre y te adoptó con su gracia. Y esa gracia es más grande que cualquier pecado que hayas cometido porque 
Él no te ve por tu condición, sino que te ve por lo que eres: su creación.


Uzziel García (Agosto, 2019)

domingo, 19 de mayo de 2013

Una vida en plenitud


Cuando las cosas no van de maravilla y los planes que habíamos hecho se ven derrumbados en nuestra vida personal, familiar y amorosa, llegan las dudas y nos pleanteamos algunas preguntas como: ¿qué hago aquí? ¿cuál es mi propósito? ¿qué rumbo debo tomar?. En ese momento, es cuando debemos recordar que cada suceso no es casualidad y tiene un fin determinado.
La causa de la mayoría de nuestros errores, somos nosotros mismos. Porque si bien, el destino no existe y por eso Dios nos dio el derecho a elegir un rumbo, no nos exentó de las consuencias de nuestros actos. Para esto no es necesario ser creyente, pues la ley de acción y reacción nos muestra lo mismo en un sentido científico.

ACEPTA
Cabe mencionar que existen cosas que no pasan por nuestra culpa, que se dan por cuestiones ajenas, como las pérdidas. Y es entonces donde entra la llamada "voluntad de Dios", es decir, la facultad de Dios para decidir que desea para nosotros. Aunque a veces se vuelve muy difícil comprender este tipo de situaciones y llenamos nuestra cabeza de preguntas como ¿por qué a mi? ¿por qué lo permitiste?. Yo me lo he preguntado muchas veces y se vale; somos humanos y no fácil aceptar algo que duele, que lastima y, lo peor, que sabes que no estuvo en tus manos y que no hiciste nada como para merecer tal desgracia. Puedes hacer tu berrinche, tirarte al piso y llorar...pero no lograrás cambiar algo que ya sucedió.

DESAHOGATE
Aquí viene la segunda fase, y para muchos la más dura...el duelo.
El duelo es el proceso doloroso de adaptación emocional por algo que perdimos -aunque va mas allá de lo emocional porque también tiene su lado filosófico y social- y su duración es proporcional al significado de la pérdida. Pero en lugar de tomar el duelo como un proceso de agonía y desesperación ¿por qué no sacar provecho de él por medio de la reflexión y el auto análisis?
Es en esta etapa donde debemos detenernos y pensar de qué manera podemos salir adelante y qué aspectos tenemos que cambiar para evitar cometer los errores que nos llevaron a esa situación y si en verdad estamos seguros si fue por nuestra culpa o no, si fue voluntad de Dios o alguna otra causa. En el caso de un duelo por el abandono de un ser querido o el fin de una relación, tenemos que ser muy cuidadosos a la hora de buscar las causas puesto que el amor a veces nos cierra los ojos y es tan sufrido que nos declaramos culpables de tal acontecimiento. A veces nosotros somos lo jueces más duros y esto no es malo pero siempre y cuando sea para fines de superación personal y no para jusitificar patanerías. También tenemos que ser sinceros y aceptar nuestros errores, pues no siempre la culpa la tiene el compañero. El amor es de dos, por lo tanto la responsabilidad es compartida.

PERDÓNATE Y PERDONA
Si llegases a la conclusión de que tus actos también fueron determinantes para el rompimiento de tal lazo, pide perdón. El orgullo es un monstruo que más que herir a los demás, te destruye a ti mismo y muchas veces se confunde con la firmeza, que nada tiene que ver con el orgullo, pues la firmeza solo es un estado mientras que el orgullo es un sentimiento muy poderoso. Pero sobre todo, perdónate a ti, aunque la respuesta no haya sido positiva. Si no te perdonaron, es porque entonces ya no había amor o quizá nunca lo hubo, pues el amor perdona todas las faltas. Perdónate y aprende de tu equivocación para no volver a cometerla.Después de todo este proceso, viene la reconciliación. Y no hablo de volver, sino todo lo contrario. La reconciliación contigo, con tu espíritu y todo lo que forma parte de tu esencia.

APRENDE Y CONTINÚA
Una vez que entendiste la lección, comenzarás a retomar el sentido de la vida y los ánimos por emprender cosas nuevas van a ser más frecuentes. Estarás más fuerte que nunca y cada vez será menos doloroso recordar. Entenderás la importancia de los detalles y que todo gira alrededor de ellos. Que una sonrisa se puede interpretar de mil maneras, pero no deja de representar el mismo sentimiento...la alegría.

Hace pocos días, estuve en una situación similar. No le había contado a nadie en mi escuela pero estaba devastado, pensaba no ir a clases. Pero después de tanto pensar, abandoné de mi cama, me paré frente al espejo, me miré y pensé: hoy me iré mejor que nunca.
Tomé mi tiempo para arreglarme, tomé mis cosas y me fui: los cumplidos no pararon todo el día. Muchas personas me dijeron, "que bien te vez hoy".
Se que no era por la ropa que traía, tampoco por mi peinado, o por algo que se pudiera ver a simple vista...sino por algo más allá, porque ese día me di cuenta de lo mucho que valía, de lo grande y bello que puedo ser cuando me lo propongo y que cada minuto que pasa es determinante en nuestras vidas. Decidí que mientras volvía o no la persona por quien lloraba, o llegaba otra mejor, la luz que Dios me dio la iba a utilizar para irradiar amor y alegría a las cosas que por más pequeñas e insignificantes que puedan verse, valoran más los detalles...
como en el caso de las rosas, que en su fragilidad y hermosura, abren sus pétalos como si fuese su corazón en señal de gratitud al platicar con ellas y darles de beber; eso sí es un ejemplo de valoración.

Cuando logres entender que tu corazón es lo más importante que tienes y debes guardarlo de los malos sentimientos, que tu cuerpo es el templo de tu alma, y que las perlas no se deben arrojar a los cerdos...entonces comenzarás una vida en plenitud.

-Uzziel García. Marzo de 2013.