domingo, 19 de mayo de 2013

Una vida en plenitud


Cuando las cosas no van de maravilla y los planes que habíamos hecho se ven derrumbados en nuestra vida personal, familiar y amorosa, llegan las dudas y nos pleanteamos algunas preguntas como: ¿qué hago aquí? ¿cuál es mi propósito? ¿qué rumbo debo tomar?. En ese momento, es cuando debemos recordar que cada suceso no es casualidad y tiene un fin determinado.
La causa de la mayoría de nuestros errores, somos nosotros mismos. Porque si bien, el destino no existe y por eso Dios nos dio el derecho a elegir un rumbo, no nos exentó de las consuencias de nuestros actos. Para esto no es necesario ser creyente, pues la ley de acción y reacción nos muestra lo mismo en un sentido científico.

ACEPTA
Cabe mencionar que existen cosas que no pasan por nuestra culpa, que se dan por cuestiones ajenas, como las pérdidas. Y es entonces donde entra la llamada "voluntad de Dios", es decir, la facultad de Dios para decidir que desea para nosotros. Aunque a veces se vuelve muy difícil comprender este tipo de situaciones y llenamos nuestra cabeza de preguntas como ¿por qué a mi? ¿por qué lo permitiste?. Yo me lo he preguntado muchas veces y se vale; somos humanos y no fácil aceptar algo que duele, que lastima y, lo peor, que sabes que no estuvo en tus manos y que no hiciste nada como para merecer tal desgracia. Puedes hacer tu berrinche, tirarte al piso y llorar...pero no lograrás cambiar algo que ya sucedió.

DESAHOGATE
Aquí viene la segunda fase, y para muchos la más dura...el duelo.
El duelo es el proceso doloroso de adaptación emocional por algo que perdimos -aunque va mas allá de lo emocional porque también tiene su lado filosófico y social- y su duración es proporcional al significado de la pérdida. Pero en lugar de tomar el duelo como un proceso de agonía y desesperación ¿por qué no sacar provecho de él por medio de la reflexión y el auto análisis?
Es en esta etapa donde debemos detenernos y pensar de qué manera podemos salir adelante y qué aspectos tenemos que cambiar para evitar cometer los errores que nos llevaron a esa situación y si en verdad estamos seguros si fue por nuestra culpa o no, si fue voluntad de Dios o alguna otra causa. En el caso de un duelo por el abandono de un ser querido o el fin de una relación, tenemos que ser muy cuidadosos a la hora de buscar las causas puesto que el amor a veces nos cierra los ojos y es tan sufrido que nos declaramos culpables de tal acontecimiento. A veces nosotros somos lo jueces más duros y esto no es malo pero siempre y cuando sea para fines de superación personal y no para jusitificar patanerías. También tenemos que ser sinceros y aceptar nuestros errores, pues no siempre la culpa la tiene el compañero. El amor es de dos, por lo tanto la responsabilidad es compartida.

PERDÓNATE Y PERDONA
Si llegases a la conclusión de que tus actos también fueron determinantes para el rompimiento de tal lazo, pide perdón. El orgullo es un monstruo que más que herir a los demás, te destruye a ti mismo y muchas veces se confunde con la firmeza, que nada tiene que ver con el orgullo, pues la firmeza solo es un estado mientras que el orgullo es un sentimiento muy poderoso. Pero sobre todo, perdónate a ti, aunque la respuesta no haya sido positiva. Si no te perdonaron, es porque entonces ya no había amor o quizá nunca lo hubo, pues el amor perdona todas las faltas. Perdónate y aprende de tu equivocación para no volver a cometerla.Después de todo este proceso, viene la reconciliación. Y no hablo de volver, sino todo lo contrario. La reconciliación contigo, con tu espíritu y todo lo que forma parte de tu esencia.

APRENDE Y CONTINÚA
Una vez que entendiste la lección, comenzarás a retomar el sentido de la vida y los ánimos por emprender cosas nuevas van a ser más frecuentes. Estarás más fuerte que nunca y cada vez será menos doloroso recordar. Entenderás la importancia de los detalles y que todo gira alrededor de ellos. Que una sonrisa se puede interpretar de mil maneras, pero no deja de representar el mismo sentimiento...la alegría.

Hace pocos días, estuve en una situación similar. No le había contado a nadie en mi escuela pero estaba devastado, pensaba no ir a clases. Pero después de tanto pensar, abandoné de mi cama, me paré frente al espejo, me miré y pensé: hoy me iré mejor que nunca.
Tomé mi tiempo para arreglarme, tomé mis cosas y me fui: los cumplidos no pararon todo el día. Muchas personas me dijeron, "que bien te vez hoy".
Se que no era por la ropa que traía, tampoco por mi peinado, o por algo que se pudiera ver a simple vista...sino por algo más allá, porque ese día me di cuenta de lo mucho que valía, de lo grande y bello que puedo ser cuando me lo propongo y que cada minuto que pasa es determinante en nuestras vidas. Decidí que mientras volvía o no la persona por quien lloraba, o llegaba otra mejor, la luz que Dios me dio la iba a utilizar para irradiar amor y alegría a las cosas que por más pequeñas e insignificantes que puedan verse, valoran más los detalles...
como en el caso de las rosas, que en su fragilidad y hermosura, abren sus pétalos como si fuese su corazón en señal de gratitud al platicar con ellas y darles de beber; eso sí es un ejemplo de valoración.

Cuando logres entender que tu corazón es lo más importante que tienes y debes guardarlo de los malos sentimientos, que tu cuerpo es el templo de tu alma, y que las perlas no se deben arrojar a los cerdos...entonces comenzarás una vida en plenitud.

-Uzziel García. Marzo de 2013.